Teófilo López, de 72 años, espera su turno de pie. Son las doce y media de la mañana y el centro de salud de Maqueda, en Aluche, está más o menos como siempre a estas horas: a reventar. Cuesta encontrar una silla libre. Teófilo ni se molesta. Tenía cita a las 12.12. Cuando lleguen las 13.37 seguirá allí, de pie, resignado. Para qué enfadarse, si es lo que hay. Con cuatro palabras resume la situación del ambulatorio: "Esto no estira más". Y lanza una mirada al tendido, como diciendo: sólo hay que verlo
Pacientes de primera y de segunda · ELPAÍS.com
ATEO
No creo en Dios y no me hace ninguna falta. Por lo menos estoy a salvo de ser intolerante. Los ateos somos las personas más tolerantes del mundo. Un creyente fácilmente pasa a la intolerancia. En ningún momento de la historia, en ningún lugar del planeta, las religiones han servido para que los seres humanos se acerquen unos a los otros. Por el contrario, sólo han servido para separar, para quemar, para torturar. No creo en Dios, no lo necesito y además soy buena persona.
—José Saramago, (1922-) escritor, periodista y dramaturgo portugués, Premio Nobel de Literatura 1998
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